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Viaje quinto

In Todos los viajes on 4 julio 2009 at 02:38

El Señor Bonaplata se aleja por el pasillo, murmurando; resopla al pasar el baño y alcanza el lavadero. Un sol de justicia se cuela a través de la habitación enseñoreando el nórdico, que yace arrugado a los pies de la cama. Una sandalia perdida asoma, cobarde, a la luz.

Hay corriente. Revolotean las hojas de una revista al calor de sol. Instante de poética vulgaridad.

– ¡¡¡La puertaaaaaaaa!!!!

– ¡¡¡Voyyyyyyy!!!

Portazo.

El Señor Bonapata guiña los ojos irritado, empuja el ventanal a la derecha y comienza a tender, metódico, la colada. Primero van las camisetas y la ropa interior, luego los calcetines y pantalones. Las camisas se colocan en el baño, en perchas.

– ¡Coño! ¡Qué solana! Sonríe sarcástico y comienza a silbar.

A mitad del segundo gallo el Señor Bonaplata advierte que no está solo. Le acompaña en el patio interior el vecino nuevo de enfrente, cuya mayor aportación estética a la decoración comunitaria es una Estelada que cuelga, desde el Triplete, en el tendal. Habla por teléfono y pasea inquieto.

– Si, tío, els espanyols aquests, són la polla…

“‘!Vaya, ¡un clásico!” piensa el Señor. Y se prepara, atento, a escuchar un comentario propio de quien, a estas alturas de evolución social, es todavía capaz de colgar una bandera del balcón de su casa.

El vecino lleva El País en la otra mano y comenta las noticias. Viste bermudas y chanclas, camiseta blanca de tirantes y porte macarrilla. La barba, perfectamente descuidada. Por la ventana abierta se ve la funda del sofá, adornada con símbolos hindúes, las botellas vacías de Xibeca y el cenicero lleno de colillas sobre la mesa. De la pared cuelgan dos reproducciones de Kandisky y Mondrian.

El Señor Bonaplata ha llegado a la segunda cuerda, y por tanto, a los gayumbos y bragas, mientras trata de visualizar mentalmente alguna noticia reciente.

La sentencia del Constitucional sobre el Estatut, la inauguración de la T1, o el ya estragante Triplete desfilan en rápida sucesión por su mente, punteados por las dudas sobre el uso de pinzas de plástico o madera, o cómo colgar estos pantalones que se arrugan tanto.

– I el Pepe Blanco aquest, qui es creu que és? Després de tot el que ens roben, ve aquí a dur-se les medalles, com si ens hagués fet un favor, i per sobre hem d’agrair-se’l?

“¡Ah, vale!, ¡la T1!”. Y el Señor Bonaplata rememora, irónico, la sencillez del acceso al aeropuerto -al nuevo y al viejo- desde Barcelona. Dado que el Metro llegará al aeropuerto como muy pronto en 2014, y eso nadie se lo cree, podría ser conveniente que alguna voz pública hiciera hincapié en este punto de vista, exclusivamente dependiente de la Generalitat. Sin embargo, no a todo el mundo le preocupa llegar a coger el avión, sino únicamente si la T1 resarce, al menos, una mínima parte de lo que España debe a Catalunya.

El Señor Bonaplata se sorprende como siempre que constata el hecho, aparentemente increíble al primer vistazo, de que en materia catalanista, joder, no, no; cuidado que hay gente que es fanática.

Mientras tanto, el vecino, alentado por su inaudible interlocutor, ha cogido carrerilla y termina, glorioso:
– ¡¡Putos espanyols, basura humana!!

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