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Viaje séptimo

In Todos los viajes on 20 mayo 2012 at 00:53

El Señor Bonaplata consideraba que la decisión de ir a Sacramento, bien que positiva a nivel comunitario, guardaba para él ciertos riesgos, laboralmente hablando. Digamos que era una mala jugada calculada. La decisión aprobar aprobaba, sí, pero con un cinco raspadillo, por lo que no era todo lo sabía que cabía esperarse.

Por otro lado, era una gran oportunidad para los dos, sería un momento ancla de dos años de duración, que les uniría más si cabe. De verdad cree en ello.

La experiencia y la aventura; pero también la ruptura con cierta sensación de hastío, de vértigo.

El Señor Bonaplata pronto cumplirá ocho años en Barcelona, y ahora, que una meta incierta – entrar en Gas era incierta para unos y otros- está relativamente cerca de concretarse, le invade el vértigo, y comienzan las grandes preguntas, y uno se imagina más adelante, pensando si realmente ha querido esta vida. Si quiere gestionar la presión como única perspectiva laboral alcanzable en los próximos años, y si resistirá. Si ese esfuerzo futuro le pasará factura el resto de su vida; también a nivel de carácter. Si resistiéndolo no le producirá fatiga, por el constante contacto social que requiere – no más Metallica picando código-. Si cansado o no, le pueda producir desinquietud,  falta de desasosiego, agostamiento intelectual. Puro ovejismo, vaya.

Pero Sacramento, a nivel “grandes preguntas”, provocaba lo que Manu definía acertadamente como un “picor en las tetillas”. Sacramento significaba empezar de nuevo, reinventarse bajo la doctrina del menos es más: menos ingresos, para disfrutar más lo que se tiene; una vida más dura, para fortalecerse; menos confortable, menos segura. Una vida más despierta, más activa mentalmente.

¿Y el idioma? Ahí el Señor Bonaplata las iba a pasar putas. Pero por alguna extraña razón no le preocupaba lo suficiente. En realidad quiere aprender inglés –esa justificación de “querer leer a sus autores en inglés” era, para quién no se lo crea lo suficiente, verídica -, y sabía que en Barcelona le podía la pereza mental.

Porque al final en eso consistía la pelea, contra la pereza. Porque, realmente, ¿a quién le interesa la pereza en la vida? ¿El abobamiento ante el televisor? Es mejor crecer, ¿no?

Entonces el enunciado pasa a ser: que la decisión comunitaria -y combativa a nivel personal-, sigue siendo una mala jugada calculada. Pero sube de nota.

Qué haces? Te la juegas? Sí joder, ¡¡sí!! Pero joder, es volver a jugársela, y al señor Bonaplata le va que te cagas en los últimos años. Coño, ¿no se acabará la suerte? No porque exista la suerte, sino porque acabe creyendo en su propia infalibilidad. ¿Y si esta jugada ya sobra? ¿Y si ya es bastante? Y si no es tan mala vida quedarse como está?

Son preguntas, y El Señor Bonaplata quiere responderlas desde el corazón, porque  Sacramento les hará más felices juntos, y eso dispara las apuestas.

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